Análisis Crítico
Garret Hardin preocupado por la creciente demanda de recursos y contaminación, al mismo tiempo que por el crecimiento de la población, esboza un sistema político con dos medidas controversiales, el aborto y/o inferilización obligatorias y la prohibición de la migración de la población. Propone estas leyes como respuesta al modelo liberal que permite que los ciudadanos consuman a gusto e piacere, advirtiendo que si todos los humanos llevaran a cabo esta conducta, en una población en constante crecimiento tarde o temprano sufriríamos gravísimas consecuencias, debido a la escasez de los recursos.
La teoría de Hardin se puede analizar según dos aspectos: a) por la inmoralidad y falta de respeto a la vida que supone, y b) por las incertidumbres que distorsiona a favor de su teoría y las suposiciones que convenientemente plantea para sustentar sus ideas.
Sobre la inmoralidad de las ideas se va a intentar no hacer observaciones, porque a priori, quien acepta las acepta parte de una base ética erronea que no va poder ser corregida mediante un análisis racional de dos páginas; sino, que necesitaría gran cantidad de palabras o, “al menos”, una significativa experiencia personal para comprender el real valor de la vida humana. Por ende, el presente ensayo va a enfocarse al análisis sociológico que Hardin hace según su conveniencia, para sustentar su teoría de “La Tragedia de los Comunes” (“The Tragedy of Commons”), publicada en 1968.
Cuando existen incertidumbres que pueden poner en duda sus conclusiones, este ecólogo recurre a observaciones inconclusas o de fundamentos dudosos, como la afirmación equivocada para nuestro tiempo que indica que”no existe ninguna población próspera en el mundo de hoy que tenga, o haya tenido por algún tiempo, una tasa de crecimiento igual a cero”.
Sin embargo, aunque el presente ensayo intente separar el componente moral del netamente práctico, será difícil lograr tal cometido, porque como dijo José Carlos Rodríguez, “Negar el derecho de los pobres a reproducirse y a buscarse la vida en los países ricos, y todo ello en nombre del humanitarismo es una audacia que está al alcance sólo de unos cuantos progresistas.” y para lograrlo Hardin tuvo que hacer unas cuantas torsiones de la ética y de la realidad que no se pueden pasar por alto.
La principal aseveración errónea que Garret Hardin hace es que la población tiende a crecer exponencialmente en forma constante. Esto pudo ser cierto cuando escribió su artículo para la revista Science, pero en la hoy en día, la teoría de la Transición Demográfica, que se manifiesta claramente en Europa, desmiente su suposición, demostrando que, a menos que cambien las circunstancias sociales actuales, el mejor anticonceptivo es el desarrollo logrado por estos países. Además, Hardin propone como solución el control obligatorio por parte del Estado, relativizando la eficacia de la educación y la concientización, lo que demuestra una absoluta ignorancia de algunas de las razones del mayor número de embarazos en madres pobres, a saber: falta de educación para la planificación familiar, falta de valorización social de las mujeres, lucro de los hijos por trabajo infantil, entre otros.
Por otro lado, equivoca donde pone el énfasis de sus políticas. Si consideramos el problema del agotamiento de los recursos como la formula “población por consumo sobre recursos”, indudablemente el aspecto más impactante es el consumo irresponsable que realiza parte de la población, y es allí donde hay que invertir los mayores esfuerzos. Es decir, en vez de controlar prohibitivamente la reproducción de los pobres (la de los países desarrollados, actualmente ya estaría solucionada por los aspectos sociales que los llevaron a la transición demográfica) habría que controlar el consumo irracional de los ricos.
A pesar de esto, Garret Hardin plantea que “una alternativa a los recursos comunes no necesita ser perfectamente justa para ser preferible”; consecuentemente, si bien el aborto e infertilización obligatorias y la restricción en el uso de los recursos (por ejemplo, establecer un cupo máximo de visitas a un Parque Nacional) no van a otorgar los mismos derechos a todos los ciudadanos, van a cumplir el objetivo de planificación poblacional estatal y por ende van a ser útiles. Para afirmar esto Hardin, da como ejemplo el derecho a la herencia privada de bienes, donde los hijos ricos reciben el dinero de sus padres, cuando, quizás, un hijo pobre sería más meritorio de semejante privilegio. Para Hardin, tanto en este caso como en la La Tragedia de los Comunes, “la injusticia es preferible a la ruina total.”
Pero, no hay que caer en la torsión de la verdad a la que nos induce esta comparación. Que hoy se utilice este sistema de herencia no significa que no halla otros sistemas mejores, y si de hecho no los hay en este caso particular, no significa que en el caso de la reproducción y degradación del ambiente tampoco los halla (como ejemplo de solución alternativa están la concientización, y la valorización de la mujer ya mencionadas, más el necesario desarrollo social).
Otra torsión de la verdad que Hardin propone tiene como objeto demostrar que actualmente se considera una aberración el aborto e, incluso, el infanticidio obligatorios porque todavía no se práctica. Sin embargo, para él, esta medida representa una restricción más a las libertades individuales en pos del bien común. Restricciones que a lo largo de la historia fueron consideradas injustas pero luego fueron aceptadas. Para aseverar esto hace un análisis de la contaminación en función de la densidad de la población, afirmando que consumir un recurso en una zona deshabitada no es problema porque no se afecta a nadie; o, con la misma lógica, hace ciento cincuenta años, nadie podía considerar que matar a un bisonte para solo comer su lengua era un desperdicio.
Este razonamiento, a primera vista, nos puede convencer, pero, se trata de una falacia, porque cualquier derroche es malo, independientemente del tiempo o lugar. No se trata del mal por afectar a otro, sino por el hecho en sí mismo: derrochar esta mal siempre, aunque sobre mucho o poco no es una conducta aceptable.
En definitiva, Garret Hardin soluciona el problema de la irresponsabilidad del uso de los recursos comunes proponiendo nuevas restricciones a las libertades individuales y no generando nuevas responsabilidades grupales o comunales; y fundamenta sus controversiales ideas convenciéndonos que lo que hoy parece malo e insensible, en realidad es positivo, ya que las restricciones individuales han ido variando a través del tiempo en pos del bien común, y un fin mayor ilusorio justifica las perdidas temporales de la ética.
Como expresa José Carlos Rodríguez, Hardin parece “el científico del chiste. Éste llama a una araña y ella acude; y repite la llamada después de quitarle una pata tras otra y tras no acudir al quitarle la última pata concluye que sin las ocho extremidades la araña se vuelve sorda: el análisis parece -en el original es- correcto pero la conclusión resulta descabellada.”
Fuentes
“Garret Hardin, un nuevo Malthus”, José Carlos Rodríguez. (http://www.liberalismo.org/articulo/204/)
“The Tragedy of Commons” en Science, v. 162 (1968), pp. 1243-1248. Traducción Horacio Bonfil Sánchez. Gaceta Ecológica, núm. 37, Instituto Nacional de Ecología, México, 1995. (http://www.ine.gob.mx/)
Apuntes de clase y escritos de la Materia Alimentación y Ambiente, Carrera de Ciencias Ambientales, Escuela de Geografía y Ciencias Ambientales, Facultad de Historia y Letras, Universidad del Salvador.
- Artículo realizado para la catedra de Alimentación y ambiente, Escuela de Geografía y Ciencias Ambientales, Facultad de Historia y Letras USAL