Comunicación ambiental

En la actualidad la mayoría de los profesionales e instituciones relacionadas con el medio ambiente no reconocen su falta de formación en ciencias de la comunicación, pero la realidad demuestra que sino se capacitan será cada día más difícil que triunfen en la transmisión de sus propuestas.

Las problemáticas ambientales son complejas y poseen variables que afectan intereses contrapuestos y provenientes de distintas ramas de conocimiento científico, lo cual hace mas complicado la comunicación de las mismas y permite la tergiversación intencionada e involuntaria del mensaje emitido. Pero al mismo tiempo, son inherentes a la vida cotidiana de todas las personas, representando una oportunidad para encontrar los medios apropiados de comunicación en cada caso particular.

“Palabras que funcionan; no es lo que decís, es lo que la gente escucha” es el titulo del último libro de Frank Luntz, reconocido asesor político del partido republicano estadounidense, para muchos, responsable de los triunfos electorales de los últimos tiempos. Como lograr que la gente escuche y entienda lo que decimos, y más importante aun, que se interese por lo que decimos es fundamental para un profesional, y TRASCEDENTAL para el éxito de cualquier institución, ya sea una empresa, agencia de gobierno, ONG, etc.

Voltaire dijo tiempo atrás que “una palabra mal colocada estropea el mas bello pensamiento“. Es decir, que por más que tengamos la más brillante idea, sino la expresamos correctamente nadie la entenderá y la idea morirá con nosotros. Lo mismo sucede con la comunicación de problemáticas ambiéntales.

¿Cuántas veces nos hemos visto inmersos en una discusión donde tenemos la razón, pero el argumento del otro suena más convincente? ¿Cuántas veces un periodista transcribió lo que le dijimos de forma totalmente distinta, o incluso en sentido contrario? Esto sucede porque nuestras habilidades comunicativas no están lo suficientemente desarrolladas. Como no lo están en la mayoría de las instituciones ambientales del país.

La forma en que comunicamos y el lenguaje que utilizamos son la expresión y el paquete de nuestras ideas, por ende, afectan el modo en que la idea es transmitida y recibida por la otra persona, ergo, afectan la idea de la otra persona. A su vez, nuestro mensaje interactúa con ideas preexistentes en la mente del receptor. Si nuestra idea no fue “empaquetada” correctamente (con lenguaje comprensible y conciso), y se conjuga con ideas preexistentes del receptor, y encima, pasa por un intermediario (periodista, por ej.) que también agrega sus ideas preexistentes y lenguaje propio, al final, la misma idea puede modificarse tanto que puede desaparecer, o convertirse en algo ridículo, como sucede en el juego del teléfono descompuesto.

Esta perturbación de criterios y conceptos ambientales no se da por una conducta mal intencionada del receptor o por la “gente de los medios” como se suele creer. Si bien existen conductas tendenciosas, este escenario no representa la generalidad, y en tal caso, es nuestra tarea comunicar correctamente para que el mensaje no sea tergiversado de forma arbitraria fácilmente.

Al emitir un mensaje o concepto ambiental, existe un dialogo en el que interactúan receptor y emisor, pero somos nosotros, como profesionales ambientales, quienes debemos asumir todas las responsabilidades y aprender tácticas comunicativas eficientes. En esto, nos corresponde una responsabilidad ética primerísima, ya que al tener mayores conocimientos que el receptor podemos ocultar parte de la información y manipular lenguaje especifico que la sociedad no conoce íntegramente. Cuántas veces las palabras sustentable, ecológico o verde se han utilizado para describir actividades contaminantes, por citar los ejemplos más burdos.

¿Como lograr una eficiente y correcta comunicación? Cultivando nuestra retórica, o “habilidad para descubrir los medios existentes de persuasión [o comunicación] en cada caso particular“, tal como la definió Aristóteles siglos atrás. Mejorar la retórica o técnicas comunicativas o canal comunicación al o como quieran llamarlo es aun mas trascendental cuado se trata de asuntos públicos, debido a que los mayores conflictos de interés aumentan la inestabilidad en la transmisión del mensaje.

No debemos esperar que comunicadores, periodistas, políticos, empresarios y menos aun la opinión publica se capacite para aprehender nuestro mensaje correctamente, debemos ser nosotros quienes encontremos las palabras y los modos para transmitir la realidad ambiental, tan compleja y con tantas facetas diversas. Si los profesionales y las instituciones no se capacitan, nos veremos en riesgo de que la población siga opiniones tendenciosas o simplemente se confunda y no tome conciencia de la gravedad de la situación ambiental actual.

  •   Artículo públicado en Revista “Foro Ambiental” Nº15
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Un pensamiento en “Comunicación ambiental

  1. Me parece muy interesante tu artículo sobre el valor de la palabra pero sobre todo de la interpretación de ésta que en lo relacionado con el medio ambiente adquiere una dimensión compleja. Todos contaminamos o somos beneficiarios de la contaminación pero estamos en contra de la contaminación. El problema es la falta de congruencia fatal. Necesitamos hablarnos claro y actuar con claridad. Es la mejor forma de comunicarnos. La palabra es congruencia entre lo que hablamos y lo que hacemos.
    Saludos.

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