gestion ambiental, sustentabilidad

De la Gestión Ambiental a la Sustentabilidad

Resumen

Este artículo propone una descripción no lineal del avance de la Gestión Ambiental y su relación con el Desarrollo Sustentable, haciendo hincapié en la forma o visión de las organizaciones para emprender sus actividades, ya sean productivos o de servicios, públicas o privadas. Es decir, se trata de entender cuáles son los paradigmas y las herramientas para encarar los procesos productivos y de gestión general de las actividades.

Se toma como hito o herramienta inicial a las Evaluaciones de Impacto Ambiental, para luego avanzar en herramientas menos puntuales y más abarcativas a la gestión diaria y de distintos aspectos de las organizaciones, como Producción más Limpia, Sistemas de Gestión Ambiental y Análisis de Ciclo de Vida, y finalmente se llegará a los negocios sustentables y otras alternativas recientes.

En el camino, se relacionaran estas formas de hacer negocios (entendiendo como negocio a “aquello que es objeto o materia de una ocupación lucrativa o de interés”[1] que tanto el sector privado como público realizan[2]) con los paradigmas de sustentabilidad más desarrollados, planteando el interrogante de cuál o cuáles son las mejores opciones para lograr la sustentabilidad. Comprendiendo que no existen respuestas únicas para el desarrollo sustentable y que la búsqueda del ‘paradigma ideal’ está en continua construcción, con mayor relevancia de las acciones y no tanto de las teorías y las ideologías.

(see abstract below)

Introducción

 “Como muchos autores han reconocido, lo que ahora llamamos problemas “ambientales” no son en absoluto nuevos. De hecho, probablemente han contribuido tanto a la caída de muchas civilizaciones anteriores como lo hicieron las contiendas militares típicamente mencionadas (Cronon, 1983; Weiskel, 1989)” (como se cita en Colby, 1991, p. 194)[3]. Y si bien a lo largo de la historia se presentan infinidad de ejemplos de gestión ambiental, no nos adentraremos en las primeras manifestaciones históricas (ni a nivel global, ni en nuestro subcontinente latinoamericano, como ser los efectos de la Conquista en los sistemas tradicionales de los pueblos originarios, o las Leyes de Las Indias que regulaban el uso de recursos naturales), sino que comenzaremos a analizar la evolución de la Gestión Ambiental desde la manifestación de las primeras herramientas técnicas específicas y formales para administrar el ambiente, las cuales se desarrollaron en la etapa industrial contemporánea.

En forma previa y en los albores de la industria no nos preocupamos por los efectos ambientales de nuestras actividades, ya sea porque el poder dilutorio del ambiente se encargaba de disipar nuestros impactos o porque la escala de nuestras acciones era tan baja que no alcanzaba a afectar de manera significativa y notoria el medio, que asimismo, era apreciado y aprovechado por una mucho menor cantidad de población (es decir, con más ambiente para menos gente). Sin embargo, el impacto ambiental aumento a medida que creció la población, evolucionaron la tecnología y los medios de producción y se sofisticaron y complejizaron los materiales utilizados. Al mismo tiempo que creció el consumo lo que agrego mayor presión al ambiente, llevando al límite su poder dilutorio  y la disponibilidad de recursos.

Por lo tanto, se comenzaron a presentar consecuencias negativas en el medio y las comunidades y la conciencia ambiental emergió demandando herramientas de gestión para resolver estas controversias. Así nacen las Evaluaciones de Impacto Ambiental, como la primera herramienta de Gestión Ambiental, conformando un proceso integral “para identificar, predecir, evaluar y mitigar los efectos relevantes biofísicos, sociales y otros de proyectos a desarrollar, previo que se tomen decisiones y se asuman compromisos” (IAIA, 1999)[4]. Si bien en la historia se habían tomado medidas para gestionar los recursos ‘renovables’, “un término que toma auge después dela Segunda Guerra Mundial” y conservar la naturaleza a través de parques y reservas naturales, entre otras (Rodríguez-Becerra y Espinoza, 2002), las mismas no afectaban directamente al desarrollo de negocios, salvo escasas excepciones. Es con la creación de la Ley de Protección Ambiental (NEPA, por sus siglas en inglés), que crea la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) y exige la realización de Evaluaciones de Impacto Ambiental (EIA), que se empieza dar mayor impulso a la Gestión Ambiental con un marco científico y de herramientas de gestión específica.

La Gestión de  la Sustentabilidad

Sin entrar en grandes definiciones, la Gestión Ambiental es aquella parte de los esfuerzos, marco conceptual y herramientas de las organizaciones destinado a tratar los temas ambientales. Es una parte de la gestión global, pero enfocada en la relación con el ambiente (los ‘aspectos ambientales’ según la serie de normas ISO 14000). Esta particularidad conlleva a que existan herramientas de gestión ambiental específicas y se creen áreas puntuales en las organizaciones empresarias o de gobierno para tratar la temática.

Es paradójico que una herramienta como la Gestión Ambiental, contradiga uno de los principios básicos de las Ciencias Ambientales, la visión holística (que considera el todo como un todo y no lo compartimenta). Es por esta razón, que analizaremos la Gestión Ambiental, y como esta ha sido superada y complementada con otros aportes que la hacen justamente, más holística e integradora. Porque las Ciencias Ambientales, no son las únicas que atraviesa todas las ramas del pensamiento y de la gestión, aunque sin son las que mejor han expresado desde sus inicios como ciencia y herramienta de gestión esta transversalidad, que está en su esencia y es sin duda unos de sus máximos valores, junto a la visión holística, los limites y respeto por la Tierra, la solidaridad intra e intergeneracional y otros atributos expresados tan claramente en las distintas Cumbres de la Tierra (especialmente en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente Humano, en 1972, y la ‘Conferencia de Río’, en 1992) [5]. En definitiva, las ciencias ambientales expresan la comprensión de la sustentabilidad integral y holística, y desde esta óptica se analizará la gestión ambiental y su relación con el desarrollo sustentable (entendiéndolo como un concepto que no se ha terminado de construir y tiene múltiples interpretaciones).

Asimismo, la Gestión Ambiental puede ser abordada desde distintas perspectivas, y a distintas escalas. En este artículo se hace foco en la gestión que llevan a cabo las organizaciones para lograr la prestación de servicios y productos, ya sean estas públicas o privadas. No se rehúye relacionar este campo de estudio con otros aspectos fundamentales del desarrollo sustentable, como los estilos de vida, parámetros de consumo, etc., pero este relacionamiento es de un alcance limitado.

Avance de la Gestión Ambiental

“La gestión ambiental se ha convertido en un aspecto esencial en todas las empresas. Sin embargo, no todas han alcanzado el mismo nivel de madurez” (Sarriegi, 2011). Las industrias, son las que más han adaptado medidas de gestión ambiental, pero también otros sectores, como turismo, entidades bancarias, etc. han comenzado a desarrollar buenas prácticas ambientales, ya sea por iniciativas voluntarias, económicas o legales. En cuanto al Estado, si bien es muy variable, como lo es el sector privado, todavía se ve una menor gestión para las actividades internas de sus operaciones, exceptuando las grandes obras, que en su gran mayoría cuentan con los Estudios y Evaluaciones Ambientales correspondientes. Por supuesto, el rol del Estado es más importante en cuanto a las exigencias e incentivos legales y administrativos que propone al sector privado y a sí mismo, que en cuanto a sus propias operaciones (aunque no por eso hay que despreciarlas).

Debido a los costos que implica y la mejor eficiencia, la mayoría de las organizaciones comprende que las soluciones “end of pipe” no son las más ventajosas. Como se mencionó, históricamente la relación de las actividades con el ambiente no se tenía en cuenta porque se confiaba en el poder dilutorio de la naturaleza, sin embargo, cuando los impactos ambientales se empezaron a notar, acciones de gestión fueron necesarias, y así se tomaron las denominadas soluciones a “final de tubería” (end of pipe), medidas para mitigar o reducir la contaminación de los procesos productivos, como  tratamientos  de efluentes y residuos. Sin embargo, pronto se empezó a reemplazar esta forma de gestión, por una más racional y eficiente, la Producción más Limpia (Cleaner Production).

La gran diferencia de la Producción más Limpia con propuestas anteriores, es que ya no sólo ataca los problemas al final de los procesos, sino que lo analiza integralmente, para modificarlos y cambiar o reemplazar materias primas y recursos con el objetivo de que al final, los impacto sean los menores posibles. Según el PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente), la Producción más Limpia es la aplicación continua de una estrategia ambiental, preventiva e integral, a los procesos y productos con el objeto de reducir riesgos al ser humano y al medio ambiente. Es decir, que no sólo son medidas aisladas al final de tubería y reactivas, sino que son integrales, estratégicas y preventivas.

De manera  similar, pero con sutiles diferencias, nació otro concepto: la ecoeficiencia, que plantea producir más bienes y brindar más servicios con una menor utilización de recursos, y menor producción de residuos. Sin embargo, este término recibió críticas por parte de los defensores del Consumo Sustentable, ya que la ecoeficiencia, introducido por el World Business Council for Sustainable Development (WBCSD), no plantea la necesidad de cambiar o reducir parámetros de consumo que generan cada vez más demanda, y por ende, más impactos sobre recursos que son finitos.

Por otro lado, “buena parte de las grandes empresas han sido materia de transformaciones tecnológicas y administrativas dirigidas a mejorar su competitividad que con frecuencia han incorporado tecnologías de descontaminación y de producción más limpia como fruto de diversos factores, entre otros las mayores exigencias del mercado internacional, las presiones sociales, y las nuevas exigencias gubernamentales (CEPAL, 2001a; CEPAL-PNUMA, 2001)” (citado en Rodriguez-Becerra y Espinoza, 2002, p. 42). Cuál factor peso más, es difícil de saber, y en cada caso particular se podría analizar el nivel de incidencia de “lo ambiental” en la decisión final para realizar las inversiones de mejora en las empresas. También, cabe aclarar que así como se notó una mejora en el desempeño ambiental de las grandes organizaciones, también creció grandilocuentemente el consumo, se generó un cambió en los estilos de vida a nivel planetario, con mayores comodidades materiales y con movimientos de clases ascendentes que demandaron más recursos, y en consecuencia generaron mayores impactos ambientales.

Sistemas de Gestión Ambiental y certificaciones

Paralelamente al avance de la Producción más Limpia y la ecoeficiencia, y producto de las mayores regulaciones y exigencias de la comunidad, las grandes empresas comenzaron a desarrollar códigos de conducta y estándares de gestión ambiental. Así nacen distintas normas voluntarias entre las que se destacan las normas de Sistemas de Gestión Ambiental EMAS e ISO14001, siendo esta última, la más utilizada en nuestro país y en el mundo.

Los Sistemas de Gestión Ambiental permiten administrar los aspectos ambientales[6] de las organizaciones en pos de lograr un desempeño ambiental adecuado. Asimismo, en el caso de la ISO 14001, y en la mayoría de todos los Sistemas de Gestión, se tiende a la mejora continua, por lo cual, la organizaciones implementa cambios para mejorar continuamente su desempeño. Además, las empresas suelen certificar estos sistemas. Sin embargo, como no poseen requerimientos técnicos, el desempeño ambiental puede variar mucho entre dos empresas a pesar de poseer la misma certificación. Lo que sí exigen estas normas, es definir una línea de base de cumplimiento, que es la legislación local. Lo cual podría ser anecdótico en países donde todas las reglas se cumplen, pero en la práctica en Argentina y en América Latina no es así y muchas veces las organizaciones presentan incumplimientos legales que deben adaptar para poder certificar.

Si bien estas normas son voluntarias, las empresas certifican este tipo de normas por una multiplicidad de ventajas que le da tener un sello que demuestre que realizan acciones para lograr un desempeño ambiental adecuado (imagen, acceso a mercados, ventajas financieras ventaja comparativa, etc.), además de las ventajas propias de la correcta gestión (eficiencia, ahorro de recursos, reducción de riesgos, mejor relación con la comunidad, etc.). Sin embargo, no es la única norma que se certifica, y existen infinidad de nuevos estándares, para garantizar ante terceros un buen desempeño ambiental.

Los nuevos estándares y medidas de gestión ambiental que se están desarrollando más incipientemente son los relacionados con las huella ambientales de los productos. Su objetivo es no sólo centrarse en la Gestión Ambiental de una organización, sino también enfocarse en cada producto particular, pero con una visión integral, analizando todo el Ciclo de Vida de cada uno, desde la cuna a la tumba, es decir, desde que se produce hasta que se envía a disposición final. La metodología de análisis permite a las organizaciones saber en qué etapa (extracción de materias primas, procesamiento de materiales, fabricación de productos, transporte y embalaje, uso, eliminación o disposición final) su producto genera más impacto y así  poder reducirlo. Estas herramientas, asimismo, se traducen en sellos que permiten al cliente saber, por ejemplo, cuanto dióxido de carbono equivalente se genera para determinado producto.

Por último, si bien el compromiso por la dirección o los altos mandos de las organizaciones son indispensables para impulsar una correcta gestión ambiental, por lo general, se destina personal específico para esas tareas, o se delega a alguien la responsabilidad que antes no existía ni estaba particularizada. Para el caso de las grandes organizaciones, las mismas cuentan con áreas y/o  personal especializado. Es por ello, que uno de los  mayores  desafíos  para la Gestión Ambiental y la Producción más Limpia es  “alcanzar  a  pequeños  y  medianos emprendimientos, que suelen mostrar mayores necesidades y dificultades de innovación para la implementación de una estrategia ambiental preventiva e integral” (GCABA).

Responsabilidad Social y Sustentabilidad

En concordancia con el avance de las herramientas de Gestión Ambiental, avanzaron otras formas de considerar y gestionar otras externalidades que no siempre se tenían en cuenta, como la Gestión de la Seguridad y Salud Ocupacional, que se enfoca en salud y seguridad en el trabajo, y la Responsabilidad Social, que busca integrar varios aspectos como gobernanza, derechos humanos, prácticas laborales, medio ambiente, prácticas de operación, asuntos de consumidores y relación con la comunidad. Estos aspectos de la gestión de las organizaciones también se plasmaron en normas y guías de referencia internacionales, la OHSAS 18001 y la ISO26000.

Así, comenzaron a nacer áreas profesionales que se dedican a la Sustentabilidad, sin provenir, o tener conocimientos específicos de las Ciencias Ambientales. Pero abarcándolas, al menos desde las intenciones, de manera tan o más integradora que las propias ciencias ambientales, que a través de la gestión ambiental cada vez más especializada se fueron compartimentando cada día más.

Sin caer en la trampa de intentar responder quien o quienes deberían ser los responsables de liderar la Gestión de la Sustentabilidad, lo cierto es que ese término abarca a la Gestión Ambiental, a la relación con la comunidad, al desarrollo económico, etc. Es decir, es realmente el panorama holístico en el que las ciencias ambientales basan su enfoque teórico y práctico. Aunque, en la práctica, dentro de la mayoría de las organizaciones funcionan como un segmento o departamento dentro de la misma organización.

¿Cambio de paradigma o espejitos de colores?

Con todas estas herramientas podemos suponer que estamos muy cerca de la meta en el camino a la sustentabilidad, y que el desarrollo sustentable está casi asegurado. Las mismas son las más adoptadas por las organizaciones tradicionales a la hora de hacer negocios y buscar la sustentabilidad. Pero, ¿son estas herramientas suficientes para lograr el desarrollo sustentable?

“Para muchos autores, especialmente del mundo industrializado, el desarrollo sustentable es desarrollo convencional o más de lo mismo (business as usual), sumado a buena gestión ambiental” (Rodriguez-Becerra y Espinoza, 2002). ¿Pero, que son los business as usual? Es muy difícil definir un estándar de comparación (hacer un benchmarking) de todas las organizaciones y cómo estas hacen negocios. ¿Y por otro lado, alcanza con sumar buena gestión ambiental y sustentable solamente? ¿Basta con cambiar los  medios de producción y lograr avances tecnológicos que permitan mayor eficiencia, o es necesario realizar un cambio cultural integral en los estilos de vida y de consumo? Parecería que el movimiento ambiental y la sustentabilidad están llenos de interrogantes.

¿Esta “movida verde” y sustentable no será sólo una forma de aprovechar y desarrollar una ventaja comparativa frente a la competencia? Pasada la diferenciación con el producto, el precio, la calidad, el marketing, lo siguiente para sumar valor es ser verde y sustentable, sin importar que signifique realmente eso. Entonces, allí nace otro interrogante, esta “movida” hacia lo sustentable, desde una búsqueda de ventaja comparativa y predilección por parte del consumidor nos puede llevar a una sustentabilidad real, o simplemente llegará hasta donde la dejen esas invisibles fuerzas de mercado. ¿Y hasta donde pueden modificarse esas fuerzas e ideas de mercado para ser sustentables? ¿Pueden hacerlo o necesitamos un cambio radical hacia una sustentabilidad fuerte? Algunos, creen que estas son tan sólo formas de mantenerse dentro del sistema, mejorando para demostrar cambios, pero no mejorando lo suficiente para hacer los cambios necesarios para lograr la sustentabilidad. Y como nadie sabe bien qué es el desarrollo sustentable, esas preguntas todavía siguen sin respuestas.

Negocios Sustentables

Para responder estas preguntas dentro de la lógica de mercado, se están gestando nuevas iniciativas con una visión alternativa a la forma de hacer negocios, pero también a la forma de ayudar o luchar por una causa: los negocios o empresas sustentables. Estos negocios (que según los autores y el enfoque específico al que apuntan se llaman de distinta manera: empresas sociales, empresas de impacto, empresas de Innovación de Impacto -EI2, negocios inclusivos, negocios en la base de la pirámide o empresas BOP, pos sus siglas en inglés, y empresas B) tienen como base y objetivo la mejora socioambiental (aunque en algunos casos hacen más foco en lo social), pero también basan su filosofía y subsistencia en el beneficio económico.

No son ni empresas tradicionales, ni Organizaciones No Gubernamentales (ONGs). Buscan una forma de ayudar o “luchar por una causa” que es bien de común (equivalente a las causas no lucrativas de las ONGs) pero lo hacen a través del intercambio de un producto o servicio por un monto económico (como lo hacen las empresas). Es decir, basan su subsistencia en la economía de mercado, como cualquier otra empresa, pero al mismo tiempo tiene fines sociales y ambientales similares a los de las ONGs. Aunque en algunos casos cuentan con incentivos, como organizaciones e inversores específicos, estos mecanismos no varían mucho de mecanismos de incentivo que puedan tener otros sectores; e incluso es conveniente que sean mayores.

Si bien, muchas empresas tradicionales también pueden alcanzar mejoras socioambientales, la diferencia es que en estas la principal motivación es el ingreso económico, que se da a través de lograr las mejoras; en cambio, los negocios sustentables ven el beneficio económico como un medio para alcanzar o potenciar esas mejoras. Es decir, el impacto positivo accidental no es suficiente, el emprendimiento debe buscar crear impacto social o ambiental.

Asimismo, la realidad indica que no todas las organizaciones de este tipo alcanzan el mismo grado de compromiso con el tripe objetivo ambiental, social y económico, siendo un escenario ideal lograr la convergencia de un alto valor en los 3 niveles. Tal es así que según la Escuela de Negocios de Harvard, existen dos tipos de inversores para estas iniciativas[7]. Los Inversores de Primero el Impacto, y los Inversores de Primero lo Financiero. Si bien, la mayoría no espera retornos idénticos a otros instrumentos o formas de inversión tradicionales, el énfasis varía y en el medio hay multiplicidad de grises, para unos prima más el beneficio socioambiental y para otros el retorno financiero.

No es de esperar que todas las empresas trabajen bajo este paradigma, pero sí que lo hagan muchas. En Argentina existen y se está generando emprendimientos de este tipo, y lentamente se comienza a generar un ecosistema liderado por diversas iniciativas como Premios Mayma, Njambre y la Escuela de Negocios Inclusivos Di Tella, entre otros.

Si en la actualidad, los Sistemas de Gestión Ambiental son implementados en muchas empresas y la tendencia va en aumento (a pesar de que siguen conviviendo con otras organizaciones que sólo toman algunas medidas para prevenir riesgos en el negocio), entonces, es de esperar lo mismo para los negocios sustentables. Esta puede ser una visión optimista o una consecuencia lógica de la evolución del mercado. Otra interrogante más se suma a las tantas que plantea el desarrollo sustentable. Aunque está claro que la postura no debe ser de espera, sino de impulso, por parte de los distintos actores de la sociedad.

Conclusión

Hay varias respuestas y alternativas al desarrollo actual para hacerlo sustentable. Las mismas se pueden categorizar arbitrariamente en la ya clásica división de sustentabilidad débil y fuerte (clásica pero en continua revisión y evolución)[8].La primera plantea un cambio paulatino y adaptado dentro de una economía de mercado, siguiendo el principio de gradualidad vertido en la Cumbre de la Tierra de Río , y la otra plantea un cambio radical, que no se sabe muy bien cómo se va a suscitar, pero que es indispensable porque las otras respuestas son simplemente antojos ilusorios para mejorar un poco sin realizar los cambios necesarios y sin enfrentarse al gran desafío: un cambio de paradigma, cuyas incertidumbres y conflictos de interés que trae aparejado paraliza y abruma a la mayoría de la población que vive “segura” en este modelo de pensamiento. Cuál herramienta cae en que categoría de sustentabilidad es difícil de saberlo. Y si existe una revolución latente o si el cambio será gradual, tampoco es fácil. Por último, cuál es o cuáles son las mejores alternativas de desarrollo y gestión ambiental, es aún más difícil.

Cada respuesta deberá ser acorde a cada comunidad y ambiente, pero al mismo tiempo se deberán respetar las responsabilidades comunes pero diferenciadas con la totalidad de la Tierra, la cual es indivisible. Algunos autores presentan al eco-desarrollo como la síntesis o respuesta superadora a los distintos paradigmas que se contradicen y solapan (Pierri, 2005, Colby, 1991, y otros), pero lo cierto es que cada comunidad ha presentado sus propias respuestas a sus propios problemas de desarrollo, entonces es esperable que haya tanto en la teoría como en la práctica una multiplicidad de respuestas. Asimismo, es sano pretender que ninguna de estas iniciativas cargué sola con el peso de resolver todos los problemas socioambientales de la humanidad.

Congeniar todas estas propuestas de desarrollo sustentable, adaptando y superando las propuestas de desarrollo preexistentes, al mismo tiempo que se logra una sustentabilidad global, y no se avanza a desigualdad de esfuerzos e impactos será un gran desafío. Es probable que no encontremos respuestas precisas a tantas interrogantes en artículos de investigación de base teórica o en los claustros académicos. Los problemas reales se resuelven en la práctica y no en la teoría, por lo que más y mejores esfuerzos, iniciativas y emprendedores sustentables son necesarios, desde el enfoque que sea más conveniente a cada situación, pero con una intención honesta de sustentabilidad, y no mero greenwashing.

Artículo publicado en la Revista Acádemica “Signos Universitarios” (Revista Oficial de la Universidad del Salvador) Año XXXIII – N°50


Abstract

This paper proposes a non-linear description of the progress of Environmental Management and Sustainable Development, doing focus on how organizations undertake their activities, whether they belong to private or public sector, or offer products or services. That is, this paper tries to understand what are the paradigms and tools to address production processes and general management activities.

It takes as landmark or initial tool the Environmental Impact Assessments, then advance in less precise and more comprehensive tools that embrace daily management and other issues, such as Cleaner Production, Environmental Management Systems and Life Cycle Assessment, and finally, sustainable business and other recent alternatives.

On the way, it relates these means of doing business with most developed sustainability paradigms, raising the question of what is or what are the best options to achieve sustainability. Realizing that there is no single answer for sustainable development and the pursuit of a ‘perfect model’ is constantly under construction, with greater relevance of the actions rather than the theories and ideologies.


 Citas

[1] “Negocio”. En el Diccionario de la lengua española. Fuente electrónica [http://www.rae.es]. Madrid, España: Real Academia Española. S/f.

[2] Se hace hincapié en los negocios, entendiéndolos como “aquello que es objeto o materia de una ocupación lucrativa o de interés”, porque tanto el sector público como el privado hacen pequeños y grandes negocios, afectando a la totalidad de la población, definiendo estilos de vida, avances tecnológicos, culturales, etc. Si bien existen acciones de impacto socioambiental no originadas en una búsqueda de lucro o interés particular, la realidad es que el sistema dominante es el de mercado y el de búsqueda de interés.

[3] Traducción propia.

[4] Traducción propia.

[5] “Es una aproximación que podría parecer un tanto convencional, pero existen suficientes pruebas para demostrar que estos dos eventos desencadenaron procesos catalíticos de un alto valor, así se señale hoy que éstos han estado lejos de tener la adecuada dirección y suficiente fuerza para detener y revertir el deterioro ambiental. Las dos conferencias contribuyeron a incrementar la conciencia ambiental y a formar nuevas visiones sobre el manejo del medio ambiente, dieron lugar a convenios multilaterales y acuerdos no jurídicamente vinculantes, y detonaron una sustantiva respuesta de los gobiernos, la sociedad civil y el sector privado que se ha traducido en avances concretos de la gestión ambiental en los países de América Latina y el Caribe.” (Rodriguez-Becerra y Espinoza, 2002).

[6] Según definición de ISO14001:2004, un aspecto ambiental es “aquel elemento de las actividades, productos o servicios de una organización que pueden interactuar con el medio ambiente” (IRAM-ISO, 2004).

[7] Se entiende a los inversores de impacto según la definición de Inversión de Impacto del Monitor Institute: “movimientos activos de capital y financiación para generar beneficios sociales y/o ambientales, y al menos devolver el capital nominal al inversor” (como se cita en Rangan-Appleby-Moon, 2011, p. 2, traducción propia)[7].

[8] Se mencionan la Sustentabilidad Fuerte y Débil por ser las más representativas, pero existen multiplicidad de concepciones y categorizaciones de las mismas. Por ejemplo, Naína Pierri suma el eco-desarrollo, como una visión más cercana a nuestra idiosincrasia latinoamericana, “con raíces en las ideas y movimientos anarquistas y socialistas, se coloca del lado de los países y sectores pobres y subordinados. Esta corriente se expresa en los setenta en la propuesta tercermundista de ecodesarrollo y, más adelante, asumiendo el objetivo del desarrollo sustentable entiende que su construcción efectiva requiere un cambio social radical, centrado en atender las necesidades y calidad de vida de las mayorías, con un uso responsable de los recursos naturales” (Pierri, s/f).

Y Michael  E.  Colby, considera con ese mismo nombre a una visión cercana a una síntesis o convergencia entre el resto de los distintos enfoques (construyendo el termino mediante un procesos circular, al estilo de la triada dialéctica Hegeliana de la tesis, antítesis y síntesis, aunque con muchos más condimentos y sin conclusiones taxativas) (Colby, 1991).


 Bibliografía

Colby, M. E., (1991), Environmental  management  in  development: the  evolution  of  paradigms. Amsterdam, Holanda.

GCABA (Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires), (S/f), Producción más Limpia, concepto y antecedentes. Fuente electrónica [http://www.hospitalalvear.gov.ar/areas/med_ambiente/pol_ambiental/archivos/2.ProduccionMasLimpia_Capitulo01.pdf].

International Association for Impact Assessment, (1999), Principle of Environmental Impact Assessment Best Practice. En línea[http://www.iaia.org/publicdocuments/special-publications/Principles%20of%20IA_web.pdf?AspxAutoDetectCookieSupport=1].

IRAM, (2004), IRAM-ISO14001:2004 – Sistema de Gestión Ambiental – Requisitos con orientación para su uso. Buenos Aires. Argentina

IRAM, (2010), IRAM-ISO26000 – Guía de Responsabilidad Social. Buenos Aires. Argentina

Kasturiragan, V., Appleby, S., Moon L., (2011) The Promise of Impact Investing. Cambridge, EUA.

Pierri, N., (s/f), Historia del concepto de desarrollo sustentable. Fuente electrónica [http://www.ambiente.gov.ar/infotecaea/descargas/pierri01.pdf].

RAE, (S/f), Diccionario de la lengua española. Fuente electrónica [http://www.rae.es]. Madrid, España: Real Academia Española.

Rodríguez Becerra, M., Espinoza, G., (2002), Gestión ambiental en América Latina y el Caribe. Evolución, tendencias y principales prácticas. Washington D.C., EUA.

Sarriegi, J.M., (2011). Estudio de la Evolución de la Gestión Ambiental en Empresas Industriales. Marta Ormazabal. Fuente electrónica [http://revistas.ucm.es/index.php/MARE/article/viewFile/38071/36827]


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